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lunes, 16 de diciembre de 2013

Segunda vuelta de las Elecciones en Chile: Bachelet y Matthei, cara a cara

Las candidatas de la opositora Nueva Mayor?a y de la gobernante Alianza, Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, respectivamente, se enfrentar?n de nuevo este domingo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilenas.

Bachelet parte como favorita tras su contundente victoria en la primera vuelta, mientras que Matthei aspira a que la afluencia masiva de votantes logre un cambio de tendencia.

El pasado 17 de noviembre, ambas concurrieron a las urnas, junto a otros siete candidatos. Entonces, Bachelet aspiraba a conseguir su pase directo a La Moneda, pero se qued? a cuatro puntos del 50 por ciento de los votos necesarios para ello. A?n as?, se consolid? como la primera en la carrera presidencial, ya que Matthei, la segunda m?s votada, solo se adjudic? un 25 por ciento de las papeletas.

As? las cosas, el horizonte electoral parece despejado para Bachelet, que solo tendr? que mantener a los votantes que atrajo hace casi un mes y sumar unos pocos m?s, para lo que ha contado con la ayuda de los ex candidatos presidenciales Alfredo Sfeir y Franco Parisi, que han pedido p?blicamente a sus seguidores que apoyen a la l?der izquierdista en este balotaje.

Para Matthei, en cambio, la segunda vuelta electoral se presenta como una aut?ntica carrera de obst?culos porque tendr? que revertir completamente una tendencia de voto que le fue muy desfavorable el pasado 17 de noviembre. Su ?nica baza es atraer a las urnas a los votantes conservadores que se abstuvieron en la primera vuelta.

"Si votaste por m? y llevas a alguien que no vot? en la primera vuelta, ?S? se puede!", dice la ex ministra de Trabajo del Gobierno de Sebasti?n Pi?era en un anuncio que incluye el popular lema del presidente estadounidense, Barack Obama, para la campa?a electoral de 2008.

Consciente de este reto, la candidata oficialista renov? su equipo de campa?a electoral tras la primera vuelta, lo que ha supuesto una mayor apuesta por los programas sociales, sobre todo en lo relativo a las pol?ticas de igualdad, y en una mayor definici?n de su discurso conservador.

En concreto, Matthei ha subrayado su alineaci?n ideol?gica con la Iglesia Cat?lica, profundamente influyente en Chile. "No se va a hacer nada que vaya en contra de la Biblia", dijo tras un encuentro con l?deres religiosos, en alusi?n a las pol?ticas sobre el matrimonio homosexual, el aborto y la eutanasia que propugna Bachelet.

Tambi?n ha insistido en que la reforma fiscal que busca la izquierda solamente conseguir? frenar el crecimiento econ?mico que ha experimentado el pa?s sudamericano. "Cuando se abre el espacio a que las reglas del juego cambien sustancialmente, la inversi?n se paraliza. Es obvio", ha alertado.

UN GOBIERNO DE REFORMAS

El triunfo de Bachelet devolver?a el poder a la izquierda, que ha gobernado Chile desde el fin de la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990) con el ?nico par?ntesis de estos ?ltimos cuatro a?os. Si bien, se trata de una Concertaci?n renovada, rebautizada como Nueva Mayor?a, que aglutina a los hist?ricos Partido Socialista (PS), Dem?crata Cristiano (PDC), Por la Democracia (PPD) y Radical Socialdem?crata (PRSD) y suma al Partido Comunista (PC), el Movimiento Amplio y Social (MAS), la Izquierda Ciudadana (IC) e independientes.

Bachelet, de 62 a?os, se presenta con la promesa de "cambiar el rostro de Chile" para que el crecimiento econ?mico, ejemplo de toda Am?rica Latina, sirva para acabar de una vez por todas con las desigualdades sociales, en un pa?s donde la brecha entre ricos y pobres, lejos de reducirse, se ha acentuado por el inmovilismo de Gobierno y Congreso.

As?, ha apostado por una reforma constitucional a fondo con el fin de desprenderse de la Carta Magna heredada del r?gimen castrense, que, a pesar de que ha sido remendada en democracia, todav?a adolece de graves defectos. Su pretensi?n es incluir un amplio cat?logo de derechos fundamentales y crear un sistema electoral realmente representativo.

Tambi?n ha propuesto otras dos grandes reformas. Por un lado, la educativa, respondiendo al clamor popular por una educaci?n p?blica, gratuita y de calidad, con la que pretende garantizar el acceso universal a todos los niveles educativos y eliminar progresivamente la financiaci?n y el lucro privados.

Por otro lado, ha pensado una reforma fiscal basada en "que los que m?s tienen paguen m?s" y en "un tratamiento similar de las rentas del trabajo y del capital" con la que espera recaudar el equivalente a un tres por ciento del PIB para financiar los 15.000 millones de d?lares que necesita para implementar su programa de Gobierno.

A favor de Bachelet juega su promesa de cambio para lograr una sociedad m?s equitativa, as? como la buena gesti?n econ?mica de su Gobierno (2006-2010), con la que desterr? el mito de la izquierda despilfarradora. Si bien, su baza m?s importante es su carisma, que la llev? a convertirse en la primera presidenta chilena y a despedirse del cargo con una popularidad r?cord del 84 por ciento.

Para poder hacer realidad sus promesas electorales, Bachelet tendr? que crear un Gobierno con dotes negociadoras, ya que los resultados de los comicios legislativos celebrados el pasado 17 de noviembre le dejaron un Congreso con una mayor?a insuficiente para llevar a cabo sus reformas, sobre todo la constitucional, para la que necesita el apoyo de al menos dos tercios de la sede legislativa.

APUESTA POR LA CONTINUIDAD

Matthei, de 60 a?os, ha presentado una 'hoja de ruta' radicalmente distinta que consiste en dar continuidad a todas las pol?ticas emprendidas por el Gobierno de Pi?era, a pesar de que la mayor?a han tenido una fuerte contestaci?n social.

As?, ha basado su programa de Gobierno en garantizar el crecimiento econ?mico mediante incentivos a las peque?as y medianas empresas, con los que pretende crear hasta 600.000 nuevos empleos --al menos dos terceras partes para mujeres-- y de aumentar los recursos para las regiones productivas con proyectos energ?ticos y mineros.

La propuesta de Matthei costar?a unos 17.000 millones de d?lares, que pretende conseguir con el crecimiento econ?mico y con una leve reforma fiscal destinada a luchar contra el fraude y la evasi?n.

El principal obst?culo de Matthei en la carrera hacia La Moneda es, sin duda, el accidentado modo en que ha llegado a convertirse en la abanderada de la derecha, ya que consigui? la nominaci?n despu?s de que el ex ministro de Econom?a Pablo Longueira dimitiera sorpresivamente por depresi?n tras ganar al ex ministro de Defensa Andr?s Allamand en unas primarias que causaron una profunda divisi?n en la Alianza.

VIDAS PARALELAS

En estos comicios se da la paradoja de que las dos principales candidatas presidenciales crecieron juntas y forjaron una amistad que se vio truncada con el advenimiento de la dictadura militar y que hizo que sus vidas tomaran caminos muy distintos que las han marcado pol?ticamente.

Bachelet y Matthei se conocieron en la base militar en la que sus padres, Alberto y Fernando, respectivamente, estuvieron destinados. Con el golpe de Estado, Bachelet fue recluido en la Academia de Guerra, dirigida por Matthei, por reafirmar su lealtad al Gobierno de Salvador Allende.

Alberto Bachelet falleci? en la Academia de Guerra, seg?n la versi?n oficial, por un paro card?aco. Sin embargo, la familia asegura que las torturas que sufri? en su cautiverio le costaron la vida. La justicia chilena ha investigado la implicaci?n de Fernando Matthei en este suceso, pero nunca ha llegado a procesarle.

Sus fuertes v?nculos con el r?gimen castrense y, en general, con la familia militar, que a?n hoy es considerada 'pinochetista', suponen una carga para Matthei, sobre todo despu?s de que se negara a pedir perd?n por los cr?menes de la dictadura, coincidiendo con el 40? aniversario del golpe de Estado.


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domingo, 17 de noviembre de 2013

Elecciones en Chile: Michelle Bachelet y Evelyn Matthei se miden en las urnas

La ?ltima medici?n publicada por el Centro de Estudios P?blicos (CEP) ha augurado que Bachelet se adjudicar? el 47 por ciento de las papeletas en primera vuelta, muy por delante de Matthei, que sumar?a un 14 por ciento, dando por seguro que la ex jefa de Estado conseguir? superar el umbral del 50 por ciento con los votos blancos y nulos.

La victoria de Bachelet parece tan clara que incluso el presidente, Sebasti?n Pi?era, ha depositado sus esperanzas en que Matthei consiga forzarla segunda vuelta. "Creo que vamos a tener segunda vuelta y, si lo conseguimos, ser? una elecci?n distinta, porque se podr?n confrontar, de forma clara y transparente, dos visiones de pa?s", ha dicho.

Hay algunos factores que podr?an favorecer provocar sorpresas. Uno de ellos es el voto voluntario, que se introduce por primera vez en la historia de Chile. A?n no se sabe c?mo afectar? a la participaci?n, que en los ?ltimos a?os ha sido a la baja. Esta vez se espera que, de los 13,57 millones de electores, sufraguen unos nueve.


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jueves, 29 de agosto de 2013

La Moneda no evalúa bien “performance” de Matthei por los 40 años del Golpe

Es inevitable, el tema se tomó la agenda pública, la programación de TV y las declaraciones cotidianas de todo el mundo político. La Moneda está afanada afinando los detalles del acto de conmemoración de los 40 años del golpe militar, una decisión que puede transformarse —advierten— en un arma de doble filo para el oficialismo, porque puede terminar aislando a la candidata del propio gobierno, Evelyn Matthei, de quien en Palacio hay una visión crítica de lo que ha sido su manejo estos días en el tema.

“Los sectores no piden perdón y yo tenía 20 años cuando ocurrió el golpe, no tengo nada de qué pedir perdón (…) Yo no tendría cómo haber hecho nada más, yo no tenía ningún cargo público, nada que pudiera haber hecho”, dijo Matthei el martes como respuesta a lo que fueron las declaraciones del senador de su partido, Hernán Larraín, quien sí pidió perdón por lo que no hizo para contribuir a la reconciliación.

En La Moneda tomaron nota. Consideraron que las frases de la candidata de la Alianza “no fueron afortunadas”, que “se equivocó” y “estuvo mal”. No por nada Matthei salió ayer nuevamente a hablar del tema, tratando de poner el acento en que siempre repudió las violaciones a los derechos humanos.

Analistas de la propia derecha coinciden en que la abanderada no se ha desempeñado bien en el tema y que queda en evidencia que “la agenda de los 40 años del golpe está siendo perjudicial para la Matthei y para la Alianza”.

A tono con eso, el cuestionamiento desde La Moneda a su abanderada pasa por considerar que pudo sortear mucho mejor el tema para aminorar el impacto de estar ligada a la dictadura y de representa un sector del oficialismo, la UDI, marcado por el papel protagónico que desempeñó en el régimen de Augusto Pinochet. Algo que, recalcan, no se le puede criticar al Presidente Sebastián Piñera, quien nunca estuvo cercano a Pinochet, sino que fue su opositor.

Desde la derecha y el mundo de los analistas recalcan que el mayor riesgo que corre Piñera con ese acto es la “tentación de protagonismo”. Explican que el papel principal debe estar puesto en la fecha y todo lo que implica, pero que el mandatario no es el eje del acto. Es más, si incluso emula a Aylwin y pide perdón, acotan, lo importante es que quede claro para qué lo hace, con qué sentido, tal como lo hizo el ex Presidente DC, que fue “un vehículo para algo superior, había una razón de ser, la señal era lo importante, no él”.

Un tema que no es menor en la derecha. Se sabe que el comité político del lunes en Palacio —que reúne a los ministros políticos, a directivas y parlamentarios de la UDI y RN— fue bastante tenso, de hecho hubo un duro intercambio de opiniones y momentos en que algunos “se sacaron los trapitos al sol” mutuamente, sobre quienes sí fueron alcaldes designados, gobernadores y asesores en los 17 años de Pinochet y quienes pueden decir que no fueron parte nunca de la dictadura, y están libres de polvo y paja en ese punto.

A pesar de este gallito, que refleja un choque eterno en la derecha en este punto, se comenta que Piñera está lejos de estar complicado con la conmemoración de los 40 años, que tampoco está preocupado del ruido interno que el acto en Palacio pueda provocar en el oficialismo, sino que se siente bastante “libre” para definir el contenido, el tono y los acentos que busca poner en esa performance.

Así como a Ricardo Lagos Escobar le tocó conmemorar los 30 años del golpe, diez años después será el turno de Piñera de hacer lo propio. Todo indica que nunca estuvo contemplado en La Moneda pasar esta fecha con un bajo perfil, sino que “se quería” hacer algo significativo. Sabido es la inclinación del mandatario por la historia y en ese contexto, consideraría  el 11 de septiembre de 1973 como uno de los “momentos estelares” de la vida nacional, por todo lo que involucró el golpe, el quiebre institucional y sus consecuencias que perduran hasta hoy.

Por lo mismo, difícilmente iba a dejar pasar este momento. Las voces de analistas y en el propio gobierno coinciden en que no tenía otra alternativa, no podía hacer como que nada pasó y esconder el asunto debajo de la alfombra, en circunstancias que “como no tiene tejado de vidrio” en este tema, puede jugar un rol relativamente protagónico.

No está claro aún si el acto es el 9 o el 10 de septiembre, si es en los patios de La Moneda o en la Plaza de la Constitución ni tampoco se ha terminado de afinar la lista de invitados. Únicamente se sabe que el orador será él, que se le quiere dar un tenor “republicano”, que se va a invitar a las “autoridades de la República” y que el objetivo es que nadie se sienta “excluido”.

Nadie ha descartado que entre los invitados estén los ex Presidentes, pero sobre todo uno en particular: Patricio Aylwin, con quien Piñera tiene una relación especial, cercana, por una amistad que une a ambas familias desde hace décadas, a través de su padre, y por la conocida sintonía que el Presidente tiene con algunos sectores de la DC.

Más que emular a Lagos el 2003, todo indica que Piñera apunta como referente a Aylwin para el acto de ese día, más allá que el ex mandatario asista o no.

Se comenta que Piñera se sentiría interpretado por Aylwin en muchos aspectos, desde frases del ex mandatario cuando dijo sentirse parte de una “generación fracasada” por haber sido protagonistas del ’73, que apunta a la responsabilidad que le compete a todos los sectores, en distintas cuotas claro está, hasta respetar su figura como clave en la recuperación de la democracia y su gestión con la premisa de verdad y justicia “en la medida de lo posible”, que permitió a sus ojos avances para la transición.

Considerando que han sido más de uno en la derecha los que han pedido perdón, hay voces en el oficialismo que no consideran descabellado pensar incluso que en ese acto oficial Piñera haga lo suyo a nombre del Estado, emulando precisamente el gesto que Aylwin tuvo cuando terminó de leer el Informe Rettig.

Comentan que todas las noches Piñera está leyendo sobre este tema, y que está afinando su discurso para ese día. Hasta ahora hay claridad en que en sus palabras sí habrá contexto histórico para explicar por qué hubo golpe militar, las consecuencias que eso generó, apuntando a las violaciones a los derechos humanos y la división que se produjo en la sociedad, buscando poner el acento en las lecciones que todo el capítulo deja a futuro.

Desde la derecha y el mundo de los analistas recalcan que el mayor riesgo que corre Piñera con ese acto es la “tentación de protagonismo”. Explican que el papel principal debe estar puesto en la fecha y todo lo que implica, pero que el Mandatario no es el eje del acto.

Es más, si incluso emula a Aylwin y pide perdón, acotan, lo importante es que quede claro para qué lo hace, con qué sentido, tal como lo hizo el ex Presidente DC, que fue “un vehículo para algo superior, había una razón de ser, la señal era lo importante, no él”.

Otro riesgo que se vislumbra, si pide perdón, es que puede dañar a Matthei, porque en ese mismo momento dejará “aislada” a la propia candidata del gobierno del que se supone representa la continuidad.

Algunos añaden que Piñera debe resistir además la tentación de “inclinarse” más hacia un solo bando, a una sola visión. “Tiene la oportunidad en un ambiente polarizado de instalarse por encima de eso, de convocar a la unidad, es el Presidente de todos los sectores, de todos los chilenos, no de una sola visión”.

Por lo mismo, hay quienes consideran que, si bien era inevitable hacerse cargo de los 40 años del golpe con un acto oficial y los costos de no hacerlo eran mayores aún, es indiscutible que “es un arma de doble filo”.

Con todo, dicha conmemoración es una apuesta de La Moneda y la clave para que no se transforme en un traspié, afirman analistas del propio oficialismo, es el tono que use Piñera.


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